Ya que sabes mi nombre, te contaré que me siento tan a gusto vagando por el infinito universo que, a veces, me olvido de cuál es el objetivo de mi existencia, por llamar de alguna manera lo que soy y represento.
Allí de donde vengo no existe el tiempo. No hay pasado ni futuro, todo transcurre en el presente, sólo hay eternidad.
Cuando viniste al mundo, tu madre se enteró de que estaba en estado de buena esperanza al quinto mes de gestación, con lo cual sólo fue consciente de que estaba embarazada de ti durante cuatro meses.
Y, en una tarde de primeros de septiembre, te presentaste sin avisar. Ella estaba esperando a que tu padre viniera a recogerla para ir al cine, cuando la sorprendieron los dolores del parto.
El buen hombre apareció por la calle, tan tranquilo, con sus entradas en el bolsillo. Una vecina le salió al paso:
-¡¡Manuel, que tu mujer se ha puesto de parto!!
Tu padre corrió hacia la casa, esperó impaciente hasta que lo dejaron entrar en el dormitorio, donde la comadrona terminaba su trabajo.
Y….Ahí estabas tú, lavada, perfumada y durmiendo plácidamente al abrigo de la tierna y dulce piel de tu madre.
Tu padre se volvió loco de alegría. Tenía un hijo varón de cuatro años y una niña era lo que él deseaba.
Tu madre, al verlo, se sintió feliz y, exhausta por el esfuerzo, le dijo:
-Ha nacido a la hora del “NODO” (que era un noticiario que antecedía a la película).
Pronto las vecinas y familiares desfilaron para conocerte, trayendo dulces como era la costumbre y tú, inocente, envuelta en arrullos y un manto de paz, disfrutabas, sin sospechar el revuelo que se había formado a tu alrededor.
Allí de donde vengo no existe el tiempo. No hay pasado ni futuro, todo transcurre en el presente, sólo hay eternidad.
Cuando viniste al mundo, tu madre se enteró de que estaba en estado de buena esperanza al quinto mes de gestación, con lo cual sólo fue consciente de que estaba embarazada de ti durante cuatro meses.
Y, en una tarde de primeros de septiembre, te presentaste sin avisar. Ella estaba esperando a que tu padre viniera a recogerla para ir al cine, cuando la sorprendieron los dolores del parto.
El buen hombre apareció por la calle, tan tranquilo, con sus entradas en el bolsillo. Una vecina le salió al paso:
-¡¡Manuel, que tu mujer se ha puesto de parto!!
Tu padre corrió hacia la casa, esperó impaciente hasta que lo dejaron entrar en el dormitorio, donde la comadrona terminaba su trabajo.
Y….Ahí estabas tú, lavada, perfumada y durmiendo plácidamente al abrigo de la tierna y dulce piel de tu madre.
Tu padre se volvió loco de alegría. Tenía un hijo varón de cuatro años y una niña era lo que él deseaba.
Tu madre, al verlo, se sintió feliz y, exhausta por el esfuerzo, le dijo:
-Ha nacido a la hora del “NODO” (que era un noticiario que antecedía a la película).
Pronto las vecinas y familiares desfilaron para conocerte, trayendo dulces como era la costumbre y tú, inocente, envuelta en arrullos y un manto de paz, disfrutabas, sin sospechar el revuelo que se había formado a tu alrededor.
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